Desde su concepción y diseño hasta su producción y distribución, la elaboración de mapas puede devenir parte de un proceso de investigación y ser una fuente de conocimiento. Como dispositivo etnográfico, la cartografía se convierte en una forma gráfica de descripción densa, que representa la información y el análisis que surgen de los conocimientos situados. El proceso de cartografía puede facilitar el intercambio y catalizar la formación de identidades compartidas y formas colectivas a través de diferentes posicionalidades y experiencias vividas. Al cartografiar de este modo, los esfuerzos etnográficos se convierten en «prácticas de tejido» dentro de campos abarrotados de creadores de conocimiento. Bajo esta agenda intervencionista de «tejer» entre poblaciones afectadas pero fragmentadas, la contra-cartografía pretende transformar los territorios representados.
QUÉ HACE FALTA
Dispositivo de campo: Contra-cartografía.
Modo de indagación: Pensar y hacer espacial y colectivo (razonar/pensar/digerir/imaginar).
Ubicación geográfica: ¡Sí! (Varias universidades).
Duración: De 2 horas a varios años.
Contrapartes etnográficas: Todas vosotras.
Recursos: Papel, materiales artísticos, un lugar de encuentro.
Resultados relevantes: Guías de DesOrientación –DisOrientation Guides (1.0 and 2.0)–, Contra-mapeo en Queen mary –Counter\ mapping Queen Mary (https://countercartographies.org/)–.
Grado de dificultad: Entre fácil, difícil e imposible, depende de quién se involucra y de los resultados deseados.
Complejo de apartamentos, Carrboro, Carolina del Norte, Estados Unidos, Septiembre 2009
Las integrantes de 3Cs, un grupo de contra-cartografía, se sientan en el suelo del apartamento de una de ellas y, como si se tratara de un rompecabezas, van encajando las piezas del borrador de su proyecto más reciente. Para ello, reúnen hojas de papel con tinta impresa, correcciones, anotaciones a lápiz, rotulador y bolígrafo y, en esta fase avanzada, más de un pringue de grasa de pizza. Aunque trabajan en parejas o individualmente, lo hacen en la misma sala, con el mapa como centro al que acuden con sus últimas ideas, borradores y preguntas.
Congreso de Geografía Feminista, Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, Estados Unidos, Mayo 2017
Las participantes en la conferencia se reúnen alrededor de grandes hojas de papel de estraza y dibujan colectivamente las geografías de cuidados que no aparecen en los mapas del campus, pero que se han construido con el mismo sudor y sangre que los edificios de la universidad. Algunas dibujan sus cuerpos en el mapa, e incluso cartografían sus propios cuerpos, como forma de rechazo rechazo a la separación entre cuerpo y territorio.
Taller ‘Mapeo de la pérdida en el Antropoceno’, Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos, Febrero 2020
Quienes participan en el taller se colocan frente a un enorme contorno básico de la ciudad e imaginan el pasado y el futuro medioambiental mediante dibujos, marcas, sombreados y notas sobre los ríos, las calles, las colinas y los barrios de la ciudad. Intentan comprender los paisajes y las formas de vida que se han perdido, al tiempo que trabajan juntas para reimaginar —¡y dibujar!— las materialidades de una ciudad más sostenible y justa.
Estas experiencias, que reúnen a personas en torno al papel para reflexionar y trazar colectivamente —desde múltiples perspectivas y con múltiples formatos— los diferentes espacios que cohabitamos, reflejan la trayectoria del colectivo (Counter-Cartographies Collective). Proponemos nuestro desarrollo de la contra-cartografía como un modo de etnografía insurgente a la Jeff Juris. Nuestro colectivo, también conocido como 3Cs, por las tres ces de Counter-Cartographies Collective, recibe su nombre por la práctica de la cartografía como modo de investigación abierta, para explorar, intervenir y crear de nuevo los espacios que habitamos. Concretamente, utilizamos la contra-cartografía como técnica para cuestionar la universidad como espacio. Nuestro método de investigación e intervención ha producido múltiples resonancias. Ha evolucionado con el paso del tiempo y ha viajado a diferentes contextos, principalmente espacios de educación superior, en los que ha contribuido a exhibir la torre de marfil de la universidad. 3Cs nació en 2005 en Chapel Hill, Carolina del Norte, Estados Unidos, formado por estudiantes y profesorado de los departamentos de Geografía y Antropología a partir de un interés común por unir la práctica de la cartografía, la teoría social y la organización política.
Inicialmente nos inspiramos en los experimentos cartográficos y espaciales de diferentes movimientos sociales en los que participamos o estudiamos, como la organización en torno al trabajo precario y el activismo estudiantil: Universite Tangente, Hackitectura, Precarias a la Deriva, EuroMayDay, Precarity Webring, movimientos estudiantiles contra la explotación laboral, Edu-Factory, etc. Esas iniciativas participaban activamente en procesos simultáneos de investigación e intervención, prestando especial atención a la dinámica espacial de las estrategias de poder y contrapoder. En aquel momento, todas estábamos ubicadas espacial y socialmente en universidades, y nos sentíamos frustradas por el increíble potencial del análisis político radical combinado con la incapacidad de problematizar y politizar nuestro propio entorno. Aunque esta apropiación crítica —o contraria— de la cartografía no se limita en absoluto a los espacios universitarios, nos permitió romper nuestras ataduras espaciales, reimaginar, volver a habitar e intervenir en nuestro campus.
Las escenas iniciales del mapeo colectivo muestran formas sencillas en las que se pueden alterar las diferentes experiencias espaciales de un mismo lugar y la comprensión de sus ritmos. Este ejercicio colectivo es un paso más en un proceso de mapeo más largo. Nuestra insistencia en realizar cartografías colectivas y dar prioridad al uso de mapas dibujados a mano, en combinación con otras metodologías, está relacionada con nuestra politización del proceso de mapeo. En un momento en el que la cartografía está dominada por mapeos realizados en ordenadores, en gran medida de forma aislada y para intereses corporativos o militares, hemos buscado formas sociales y democráticas de cartografía que rechazan la perspectiva «divina» de la cartografía masculinista e insisten en la cartografía como un proceso encarnado y situado. Con estos fines, reunir «cuerpos alrededor de un mapa» ha sido una parte importante de nuestro proceso de cartografía, desde las preguntas iniciales hasta cada etapa del diseño y la producción, pasando por la presentación y la difusión de los mapas.
Para 3Cs, cartografiar cualquier lugar en el que nos encontremos es una respuesta a una lógica de investigación y producción de conocimiento que refuerza una división espacial y de poder engañosa entre «ahí fuera» y «aquí dentro», lo que también evoca la trampa epistemológica de la división entre investigador e investigado, sujeto y objeto. El mito de la «torre de marfil» sirve para ocultar cuestiones políticas y económicas urgentes sobre cómo funcionan las universidades y cómo ellas mismas configuran el espacio. Cartografiar en primera persona no significa regodearse en una reflexividad egocéntrica ni limitar nuestro alcance a lo local. Por el contrario, tirar de los hilos a través de la investigación de lo cotidiano, un proceso en el que cada participante comienza donde está, sienta una base sólida para construir conexiones entre lugares y escalas. Este proceso también puede ser más explícito: «¿Cómo contribuye la universidad a los procesos del cambio climático?, ¿cómo se integra la supremacía blanca en el paisaje del campus?». Una mirada situada es crucial para el proceso de contra-cartografía: observar en profundidad los espacios que habitamos. El mapeo de esta manera situada permite repensar nuestros espacios de vida y de trabajo, construir nuevas relaciones y crear alianzas. Como tal, el contra-mapeo es adaptable a diferentes comunidades y lugares, y trabaja para «redescubrir» un espacio que parecía familiar a las personas que ya lo habitan o «familiarizar» a un grupo con otro grupo de nuevos habitantes.
De esta manera, nuestro mapeo —el proceso y el resultado— actúa como una forma de contra-cartografía, es decir, un mapeo que busca desafiar las relaciones de poder dominantes, así como las convenciones cartográficas dominantes y sus sesgos occidentales, coloniales y masculinos (Mason-Deese, 2019). Como tal, la cartografía alternativa mejora la misión etnográfica por excelencia: «hacer familiar lo extraño y extraño lo familiar», solo que aquí con una mayor atención a la espacialidad. Sin embargo, la contra-cartografía se distancia de los esfuerzos etnográficos clásicos, basados en una clara distinción entre el observador experto y el nativo observado. Más bien, encontramos grandes afinidades con enfoques más relacionales, como los que provienen de la epistemología feminista de los «conocimientos situados» y el «pensar con cuidado» (Haraway, 1988; Puig de la Bellacasa, 2017). Nuestro proceso de investigación se basa en este tipo de fundamentos epistemológicos y ontológicos relacionales, descritos por Arturo Escobar como «pluriversales» (2018), que tienen importantes repercusiones en cómo miramos y percibimos, preguntamos y tomamos notas, cartografiamos y nos movemos, así como en cómo nos relacionamos e intervenimos en nuestros respectivos campos de estudio politizados. También se basa en el trabajo de colectivos de investigación militantes, especialmente el Colectivo Situaciones, ubicado en Argentina, que trabajan para quebrar las distinciones entre el sujeto y el objeto de investigación y entre la investigación y la acción (Colectivo Situaciones, 2003, Dalton y Mason-Deese, 2012). Teniendo en cuenta estas inspiraciones teóricas, a continuación exploramos dos de nuestras estrategias contra-cartográficas: 1) las «derivas feministas»; y 2) la cartografía como dispositivo etnográfico capaz de conectar a las personas y construir alianzas.
¡Planifica una deriva!
La deriva formó parte de nuestros orígenes como colectivo de mapeo. Inspiradas por la versión feminista desarrollada por Precarias a la Deriva en Madrid (España), un proyecto de investigación militante que tuvo repercusión internacional entre muchos colectivos activistas diferentes, en 3Cs adoptamos este método a nuestro propio espacio y llevamos a cabo varias derivas planificadas dentro del campus de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, alrededor de 2005.
Nos fascinó la posibilidad de reapropiarnos de la deriva situacionista para explorar las formas emergentes de precariedad en el contexto de la educación superior neoliberal. Los investigadores situacionistas deambulaban por la ciudad dejando que los encuentros, las conversaciones, la interacción y los microeventos guiaran sus itinerarios urbanos. El resultado fue una psicogeografía basada en coincidencias fortuitas. Sin embargo, Precarias a la Deriva (2004) argumentó que esta versión era adecuada para un individuo burgués sin compromisos, pero en absoluto satisfacía a una precaria: una trabajadora precaria feminizada. En lugar de un itinerario exótico e improvisado, la versión de la deriva de las precarias consistía en seguir deliberadamente una trayectoria ya vivida. Con cada paseo liderado por una persona específica que hablaba en primera persona, esta deriva planificada reuniría a un grupo único de perfiles precarios, daría pie a indagar sobre las similitudes y diferencias entre ellos, a viajar a través de sus respectivos entornos cotidianos. Estuvimos de acuerdo con Precarias a la Deriva en que, en lugar de paseos casuales, abiertos a las serendipias del contexto urbano, la «deriva a la femme» abría más posibilidades para participar en una investigación transformadora. Una serie de derivas, cada una de ellas dirigida por una trabajadora precaria diferente y basada en la trayectoria vital de cada una, permitió reconocer condiciones comunes entre personas que antes no tenían conexión entre sí. Esto transformó a las participantes en investigadoras de sus propias condiciones precarias y creó conexiones y posibilidades de lucha compartida entre personas precarias a menudo atomizadas.
Años después, cuando nuestros mapas de los campus universitarios viajaron e inspiraron iniciativas en otras instituciones educativas, recibimos una invitación para participar en el Colectivo Countermapping QMary, en Londres. Junto con otras estudiantes, personal laboral y activistas, nos embarcamos en un largo y enriquecedor recorrido por el espacio del campus como parte de un proceso de investigación colaborativa. Los resultados de ese recorrido se incorporaron posteriormente al Contra-mapeo de Queen Mary.
Escena: Campus de la Universidad Queen Mary, Londres, Reino Unido, Mayo 2010
Cada participante lleva un portapapeles, un mapa en blanco, un rotulador y una serie de preguntas mientras recorremos lentamente el campus en grupo. Las preguntas van desde «¿Dónde ves cámaras de seguridad?» hasta «¿Dónde te sientes segura?» o desde «¿Qué zonas del campus son accesibles?» hasta «¿Dónde ves poder? ¿Dónde ves resistencia?». Mientras caminamos, nos tomamos nuestro tiempo para que cada participante escriba esas notas en el mapa en blanco que lleva en su portapapeles, así como para conversar, responder a las preguntas o simplemente compartir historias de sus experiencias en la universidad. Recibimos miradas extrañadas y, a veces, preguntas de los transeúntes, ya que nuestra cadencia lenta y nuestra actitud inquisitiva alteran los ritmos normales del campus, reconvirtiendo la universidad en un objeto de investigación y de intervención política. Más tarde, tras nuestro recorrido, nos reunimos para compartir lo que cada una ha marcado en sus mapas, iniciando una conversación más amplia sobre lo que hemos visto y sentido durante el recorrido. Esta conversación sirve de punto de partida para elaborar un mapa común y un juego de mesa centrado en el papel de los diferentes tipos de fronteras en la vida universitaria.
La deriva investigadora, en sus múltiples manifestaciones, constituye una poderosa herramienta para generar preguntas inesperadas, dada la oportunidad de compartir un fragmento espacial de la experiencia vivida. También es una forma situada de recopilar datos, mediante observaciones realizadas mientras se camina por un espacio. Además, la deriva implica ocupar ese espacio de manera diferente, en grupos y cuestionándolo. Estas derivas pueden adoptar múltiples formas, según el contexto, los objetivos y las participantes, y son un paso clave no solo para recopilar datos, sino también para construir el sujeto colectivo que pasará a la siguiente etapa de la elaboración de mapas. Nuestro uso del método se basa directamente en la apropiación feminista de la deriva por parte de Precarias a la Deriva, con el fin de permitir a las participantes compartir sus trayectorias y experiencias cotidianas con otras personas a lo largo del paseo. En nuestra práctica, buscamos tanto provocar respuestas a cuestiones previamente planificadas como dejar espacio para preguntas inesperadas, que solo pueden surgir a través del proceso de ocupar un espacio de manera diferente y caminar mientras se cuestiona.

¡Conectar a las personas y construir alianzas! Escena: Radical Rush, Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, Septiembre 2014
Miembros de diferentes organizaciones estudiantiles y universitarias llenan una sala y se reúnen alrededor de una mesa. Las participantes trabajan en grupos con mapas en blanco del campus y responden a tarjetas que plantean preguntas como «¿A quién se conmemora en el campus?, ¿a quién queremos que se conmemore en el campus?, ¿dónde vemos encarnada la lucha en el campus?, ¿qué nuevos espacios te gustaría ver en el campus?». Las participantes comienzan a nombrar todos los edificios que llevan el nombre de esclavistas o líderes estatales racistas, pero también los resultados de las luchas del campus: el Centro Cultural Afroamericano y el Centro LGBTQ, y los de las luchas que aún están por venir. Empezamos a imaginar colectivamente nuevas posibilidades para el espacio: «¿cómo podríamos renombrar los edificios mencionados anteriormente?, ¿qué otros espacios necesitaríamos para que el campus fuera realmente acogedor para todas?». Surgen conversaciones sobre lo que tenemos (o no tenemos) en común, sobre cómo podemos apoyarnos mutuamente en nuestras luchas; también, estrategias específicas para plasmar nuestros deseos en el paisaje.
Esta escena captura un fragmento de uno de los talleres colectivos de cartografía que 3Cs ha impartido en campus universitarios durante la última década de trabajo. Esta serie concreta de talleres tuvo lugar en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, en el contexto de la organización local y nacional en torno a cómo las instituciones de Estados Unidos deben afrontar el legado de la esclavitud y el racismo en sus espacios. El trabajo de 3Cs se realizó en solidaridad con la Real Silent Sam Coalition, un grupo diverso de activistas locales y universitarias que renovaron la atención pública y los debates sobre los monumentos y los nombres de lugares que honran a los supremacistas blancos, así como en colaboración específica con FLOCK (Feminists Liberating Our Collective Knowledge, o Feministas por la libertad de nuestro conocimiento colectivo, en castellano), un grupo de geógrafas que trabajan para mantener el impulso generado por décadas de lucha en torno a los nombres de lugares en el campus. El movimiento Real Silent Sam, liderado por estudiantes negras, centró la atención en el edificio que alberga el Departamento de Geografía, llamado entonces en honor al fundador del Ku Klux Klan en Carolina del Norte, junto con el monumento al soldado confederado del campus, apodado «Silent Sam».
En este contexto de organización, el taller de 3Cs –que representa a un tipo de talleres similares– se basó no sólo en las experiencias de las personas en el campus, sino también en la historia de sus organizaciones y sus intentos colectivos, así como en los incansables esfuerzos de varias historiadoras y otras investigadoras del campus a lo largo de los años para descubrir lo que se esconde bajo la brillante superficie de la historia oficial de la universidad. Las visitas guiadas en grupo, la investigación de archivos sobre la historia del campus y los talleres colectivos de cartografía forman parte de un proyecto mucho más amplio y expansivo para remodelar el paisaje del campus, compartir conocimientos de generación en generación y construir las relaciones y alianzas necesarias para transformar el campus.
Más adelante nos reunimos, con nuestros mapas e investigaciones, como parte de FLOCK para crear un fanzine sobre el paisaje del campus y sus luchas. A partir de esta alianza, el mapa final muestra no solo la historia racista y sexista incrustada en el paisaje, sino también imaginarios compartidos para el futuro, para lo que el campus podría llegar a ser. Los mapas se transmiten de generación en generación entre las estudiantes activistas y desempeñan un papel importante a la hora de enseñar a nuevas estudiantes las historias ocultas del campus e inspirarlas a tomar medidas directas para derribar los monumentos racistas.
El proceso de mapeo —desde la investigación hasta el diseño y la distribución del mapa— es, por lo tanto, productivo en un segundo sentido, ya que da lugar a nuevas alianzas, redes y sujetos colectivos. El mapeo colectivo permite explorar visualmente nuestros problemas y cuestiones comunes, trabajando juntas en un proceso concreto de construcción de relaciones que pueden transformarse en alianzas duraderas y fomentar la creación de estrategias y campañas. Para la contra-cartografía es fundamental que todo el proceso de mapeo sea colectivo: este proceso de conectar a las personas y construir alianzas es esencial, ya que el colectivo resultante participa en cada etapa, desde la investigación inicial hasta el análisis y la distribución.
Conclusión
Estos dos ejemplos de prácticas de contra-mapeo —la deriva feminista y los mapas como generadores de alianzas— son los que hemos utilizado durante los últimos quince años. El contra-mapeo como proceso de investigación no se limita a obtener un único producto (un mapa, por ejemplo) o a completar un ejercicio espacial (como una deriva o un taller). Dado que los mapas nunca están «totalmente terminados», el proceso de mapeo no se limita a la investigación y el diseño del mapa en sí, sino que también incluye la distribución de ese mapa: las múltiples vidas que adquiere el mapa a medida que viaja, inicia lazos y se involucra en nuevos encuentros. Estos nuevos encuentros producidos por el mapa a medida que se moviliza y es reapropiado, así como las nuevas conexiones que crea entre experiencias y organizaciones en diferentes lugares, van más allá del diseño o las intenciones de los cartógrafos, demostrando la propia agencia del mapa y su poder productivo. Aunque nunca intentamos «controlar» este proceso, es importante considerar cómo puede viajar el mapa y facilitar usos potenciales.
Recuerda: más allá de los pasos y puntos aquí presentados, lo que intentamos lograr con la contra-cartografía es una intervención política y metodológica, una forma distinta de producción de conocimiento. Por eso, cada punto del proceso se convierte en un momento potencial para replantearnos nuestro análisis. El diseño de mapas se convierte en un método analítico, un proceso de co-análisis para presentar resultados o conclusiones, para comunicar algo diferente sobre un espacio determinado. La distribución también forma parte del método: ¿a quiénes «reunimos» con nuestros mapas?, ¿a qué otros ejemplos de contra-mapeo hacemos referencia? Al avanzar juntas en las fases de mapeo –y en las frustraciones y obstáculos que surgen– creamos nuestro análisis contra-cartográfico.
Por último, nos gustaría compartir las respuestas de 3Cs a la pregunta «¿Por qué mapas?». En primer lugar, los mapas no son textuales, gramaticales ni lineales como los textos o los dibujos. Aunque los mapas tienen una especie de gramática, el «lenguaje» de un mapa «habla» de diferentes maneras. La visualidad puede ser accesible para diferentes personas de formas alternativas y puede hacer que los contornos generales de un espacio sean rápidamente comprensibles. En segundo lugar, los mapas son fáciles de producir o ampliar de manera colectiva. Generar prácticas de investigación participativas y militantes basadas en la producción textual, con la coautoría de textos, puede ser todo un reto para cualquier grupo que no sea reducido. El formato gráfico y no lineal de los mapas puede facilitar la intervención en diferentes puntos y por parte de varias personas al mismo tiempo. En tercer lugar, los mapas exigen espacio y crean lugar. Y en cuarto lugar, los mapas nunca deben considerarse terminados. Siempre se pueden garabatear, escribir, colocar post-its encima, etc. Es especialmente importante recordar esto cuando se piensa en la distribución y los posibles usos futuros de un mapa. Las futuras intervenciones del mapa en un espacio dependerán de cómo se rehagan o se garabateen.
El método etnográfico proporciona una investigación cualitativa densa desde dentro de un proceso social determinado, centrándose normalmente en las experiencias de la vida cotidiana como escenarios en los que se desarrollan las jerarquías sociales y las relaciones de poder. Al introducir la cartografía en la investigación, la evaluación cualitativa etnográfica se ve reforzada, pues involucra los fundamentos espaciales de los procesos sociales. De este modo, mediante la cartografía, tanto la vida cotidiana como las relaciones de poder se fundamentan espacialmente, lo que permite que surjan diferentes perspectivas analíticas y posibilidades inesperadas de intervención (mezclarse, tejer con otras, juguetear).
CÓMO HACERLO
En cualquier proyecto de mapeo, se necesitan diferentes fases básicas, aunque en cada oportunidad tengan una apariencia diferente o se adapten a cada lugar:
- Reunir a personas y/u organizaciones, recopilar datos e investigar (teniendo en cuenta que los datos pueden adoptar muchas formas y que la investigación también puede ser una forma de intervenir en un espacio).
- Diseño, entendido como un proceso de co-análisis visual y producción colectiva de conocimiento, incluyendo el análisis en el proceso holístico de investigación, sin separar la recopilación de datos del análisis.
- Distribución, a través de las redes existentes y la construcción de nuevas redes y alianzas.
- Es fundamental prestar mucha atención a cómo se piensa, se colectiviza, se critica, se lleva a cabo cada fase. No te preocupes, ¡está bien aprender de los errores del pasado y del ensayo y error! Algunos consejos que nos han resultado útiles a lo largo del camino son:
- Todos los mapas son (en cierto modo) ficciones: haz mapas para crear las verdades que queremos o que nos parecen útiles. Haz mapas para crear el mundo que queremos.
- El proceso de cartografía es productivo en sí mismo.
- Crea mapas a partir de tu propia situación, no desde arriba.
- Crea mapas de los sistemas de opresión, no de las personas oprimidas.
- Utiliza el poder de los mapas de forma estratégica, en relación con los movimientos, las comunidades y las luchas, y rindiendo cuentas ante ellos.
Nota
1 Ver nuestro mito fundacional: ‘Drifting through the Knowledge Machine,’ (A la deriva a través de la máquina del conocimiento) en Casas- Cortes & Cobarrubias, 2007.
Bibliografía
AREA Chicago. 2012. Notes for a Peoples Atlas project. Chicago: AREA Chicago Imprint. https://peoplesatlas.com/
Casas-Cortes, Maribel, and Sebastián Cobarrubias. 2007. ‘Drifting Through The Knowledge Machine. In Collective Theorization.’ In Constituent Imagination: Militant Investigations, edited by Casas-Cortes, Maribel, and Sebastián Cobarrubias, 112–126. Oakland, CA: AK Press.
Colectivo Situaciones. 2003. ‘On the Researcher-Militant.’ Translated by Sebastian Touza. Transversal. https://transform.eipcp.net/transversal/0406/ colectivosituaciones/en.html
Dalton, Craig, and Liz Mason-Deese. 2012.‘Counter (Mapping) Actions: Mapping as Militant Research.’ ACME: An International E-Journal for Critical Geographies 11: 439–46.
Feminists Liberating Our Collective Knowledge (FLOCK) Collective. 2016. https:// flockgeographies.wordpress.com
Haraway, Donna. 1988. ‘Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Priviledge of Partial Perspective.’ Feminist Studies 14 (3): 575–599.
Kolektiv Orangotango, eds. 2018. This Is Not an Atlas. Berlin: Transcript.
Mason-Deese, Liz. 2019. ‘Counter-Mapping.’ In International Encyclopedia of Human Geography, 2nd ed., vol. 2, edited by Audrey Kobayashi, 423–432. Amsterdam: Elselvier.
Precarias a la Deriva. 2004. A la Deriva por los Circuitos de la Precariedad Femenina.
Madrid: Traficantes de Sueños.
Puig de la Bellacasa, María. 2017. Matters of Care: Speculative Ethics in More Than Human Worlds. Minneapolis: University of Minnesota Press.
Stallmann, Timothy. 2012. ‘Alternative Cartographies Building Collective Power.’ Master’s Thesis submitted to the Department of Geography at the University of North Carolina at Chapel Hill.
RECURSO
Sesión “Cómo mapear a la contra en la investigación etnográfica” en el seminario La invención etnográfica: el arte de hacer preguntas relevantes 3Cs, Sebastián Cobarrubias (ARAID) y Maribel Casas Cortés (Universidad de Zaragoza). Acompañan Gunther Dietz (Universidad Veracruzana) y Aurora Álvarez Veinguer (Universidad de Granada). Introduce Adolfo Estalella.
La invención etnográfica 5: “Cómo mapear a la contra en la investigación etnográfica”
